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Salta, Argentina (A-Pin). Para facilitar la acción de recargue de su brocha, el empleado público Damián Aguirre decidió colgar el tarro de pintura de turno en unos de los adornos de la lámpara urbana que estaba pintando. «Es la única manera de no tener que bajarme de la escalera», declaró Aguirre, encargado de pintar todas las lámparas del sector. «Comencé hace menos de un mes y llevo tres cuadras», concluyó el hombre, mientras el tarro de pintura era mecido por el viento. (Informó El abuelo)